Una catástrofe nuclear en Almaraz, llegaría a Barcelona en cuestión de horas. Miguel Muñiz de Tanquem les nuclears

ARTÍCULO ORIGINAL EN ECODIARI

Movimiento Ibérico Antinuclear

Vivo en Cataluña, en los alrededores de Barcelona, el reactor nuclear más alejado de mi casa es Almaraz, en Extremadura, a unos 700 kilómetros de distancia. Si en Almaraz hubiese un accidente, y el accidente se convirtiese en una catástrofe nuclear, sus consecuencias -los productos radiactivos liberados– llegarían al lugar donde vivo en cuestión de horas.

Este hecho establece un vínculo, un hermanamiento entre Extremadura y Cataluña que no es exclusivo sino compartido con muchos otros lugares, ya que los productos de este hipotético (y posible) accidente nuclear no pasarían directamente desde allí a aquí, por el camino se irían depositando en los territorios por donde fueran circulando, y dejarían su huella de muerte o sufrimiento durante un tiempo indeterminado. Fukushima, Chernobyl y otros casos nos lo muestran cada día.

El ejercicio de calcular la distancia desde el lugar donde se vive hasta el reactor nuclear más lejano se puede hacer desde cualquier punto de la Península Ibérica; la proximidad significa agravamiento pero la lejanía no significa seguridad. Muchas personas que viven en Portugal lo han entendido así, por eso han tomado conciencia de la proximidad de Almaraz a su frontera, por eso personas y entidades de Portugal se han coordinado con personas y entidades de toda España y han creado (hemos creado) el Movimiento Ibérico Antinuclear, para evidenciar una realidad oculta desde el accidente nuclear de Sellafield, en 1957, y renovada cada vez que los accidentes se han ido repitiendo, que las fronteras políticas en términos de contaminación radiactiva no significan nada.

Podemos extender el ejercicio de calcular distancias a los reactores nucleares de Francia. No nos engañemos con la tontería de que «el Pirineo es una frontera (barrera) natural»; cuantas horas tardaría la radiactividad de una catástrofe nuclear francesa en llegar a Barcelona …, o a Cádiz? Pero también debemos preguntarnos: avanzaría la comprensión de la amenaza que suponen de esta manera? Pues sí, pero parcialmente.

Porque el ejercicio de calcular distancias es real, pero no es toda la realidad: los siete reactores nucleares de la Península Ibérica no están en Portugal. Por mucho que las fuerzas políticas y sociales de Portugal se movilicen, aunque llegasen a una postura unánime en todo el país, aunque desarrollasen todo tipo de presiones internacionales, no existen mecanismos para traducir su posición en una respuesta política directa en España, incluso podrían llegar a enmascarar la amenaza y el peligro compartido ocultándolos tras otras cuestiones políticas. Si el caso fuese el inverso, si los reactores nucleares estuviesen en Portugal la situación sería exactamente la misma en términos de movilización social en España. Las fronteras políticas en términos de contaminación radiactiva no significan nada, pero en términos de decisiones de política energética lo significan todo.

Poner en funcionamiento un reactor nuclear es el resultado de una voluntad política, cerrarlo es también el resultado de la misma voluntad. Y los mecanismos políticos para detener definitivamente el funcionamiento del siete reactores nucleares de la Península Ibérica se encuentran en España.

En España. En determinados ambientes políticos de Cataluña, el lugar donde vivo, es difícil hablar de España, el concepto está mal considerado, levanta muros y fronteras en cuanto se menciona; pero es en la legislación de España y es en la solidaridad y el trabajo común con compañeros y compañeras de toda España donde, hoy por hoy, podemos desplegar los mecanismos políticos para hacer frente a la amenaza que preocupa a las compañeras y los compañeros de Portugal, a las compañeras y compañeros de toda la Península Ibérica. Retengamos este hecho y pasemos a analizar otras realidades cercanas y punzantes.

Cerrar los siete reactores que funcionan en España no es algo que resulte de un acto de voluntad política directa y desnuda. Hay intereses poderosos, en Cataluña, en España, en toda la Península Ibérica, para que estos reactores continúen funcionando; existe una legislación, existen unos procedimientos y hay unos mecanismos.

Entre el año 2020 y el 2021, seis de los siete reactores nucleares que funcionan en la Península Ibérica deben recibir el permiso del Gobierno español para continuar funcionando 10 años más, si lo consiguen habrán avanzado un paso importante en el objetivo de los grupos que representan los intereses de la industria nuclear: alargar el funcionamiento hasta los 60 años. Este es otro hecho doloroso que complementa las distancias y las sociedades: el movimiento de denuncia y oposición debe tener un alcance ibérico, pero la concreción del trabajo y la lucha se inscribe en una legislación inmediata, y en un calendario muy concreto.

No nos engañemos, cerrar es más que denunciar, denunciar es sencillo, pero cerrar los reactores nucleares no es una tarea sencilla, no lo sería aunque fuerzas que se han manifestado políticamente a favor de cerrarlos estuviesen en el gobierno, que hoy por hoy no es el caso; estamos hablando de una tarea tan compleja como urgente, dada la degradación técnica de unos reactores que siempre han sido peligrosos, pero que ahora mismo, después de décadas de funcionamiento, aún lo son más. Es una tarea que va más allá de la política de partidos, pero que incide en la política de partidos, en la política institucional.

Una decisión política no se reduce a una decisión institucional, la política no se limita a emitir un voto cada cuatro años a unas fuerzas que se presentan libremente en las elecciones, aunque esta sea una de las condiciones básicas; la política tiene una importante componente social y de intervención diaria. Los que defienden los intereses nucleares lo saben, y nosotros también lo sabemos.

Por eso desde el Movimiento Ibérico Antinuclear tenemos la responsabilidad de combinar el trabajo y la acción ibérica global con la incidencia política concreta en España, porque sólo desde un trabajo con objetivos y destinatarios concretos y definidos, y con mecanismos de participación social que tengan una incidencia real en las instituciones responsables, será posible dar pasos para que la sociedad pueda hacer oír su voz antes de que entre el 2020 y en 2021 se tomen las decisiones que nos afectarán a todas y a todos, hoy y durante muchos años en el futuro.

Barcelona, 3 de agosto de 2016.

Miguel Muñiz es miembro de Tanquem Les Nuclears – 100% RENOVABLES y del Movimiento Ibérico Antinuclear en Barcelona. Mantiene la página web www.sirenovablesnuclearno.org

Més /Más informació/n sobre energia nuclear:http://sirenovablesnuclearno.org/
Información mensual internacional y sobre FUKUSHIMA, nucleares e impactos: http://resumenesdesdefukushima.blogspot.com.es/
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