Las incoherencias del dirigente del PSOE, Pedro Sánchez, sobre el Senado. Vicenç Navarro

La dirección actual del PSOE, liderado por Pedro Sánchez y por el Comité Federal del partido, en su intento por frenar el crecimiento de los sectores de la población de Catalunya a favor del independentismo, ha propuesto como alternativa al referéndum (presentado incorrectamente por el PSOE como un referéndum independentista -y digo incorrectamente porque las encuestas muestran que la mayoría de los catalanes votarían en contra de la independencia-) una reforma constitucional que, según tal partido, permitiría el establecimiento de un Estado federal, sensible a la diversidad y plurinacionalidad de España, hoy escasamente representada en la Constitución española. El Partido Socialista de Catalunya (el PSC), que en su día había apoyado la realización de un referéndum en Catalunya para saber la opinión de la mayoría de catalanes sobre la articulación deseada con el Estado español, ha abandonado tal propuesta para también sustituirla por la reforma constitucional que hoy apoya la dirección del PSOE.

Ahora bien, el hecho de que la llamada de Pedro Sánchez a la reforma constitucional esté teniendo poco impacto disuasorio en Catalunya se debe al enorme escepticismo respecto a que el PSOE esté, en realidad, comprometido con esta reforma, pues todo el mundo sabe (tanto en Catalunya como en el resto de España) que el Senado, controlado por el PP (que es el que tendría la última palabra en dicha reforma constitucional) no lo permitiría. Y me temo que el comportamiento de estos días de Pedro Sánchez, rechazando la propuesta de establecer una alianza con Podemos para el Senado, está dando claras señales de que este escepticismo está justificado. Veamos los datos.

El enorme dominio que las fuerzas conservadoras tuvieron en el proceso de la Transición de la dictadura a la democracia explica el enorme sesgo conservador (es decir, que favorece a las derechas) que tiene todo el sistema electoral español, que alcanza su máxima expresión en el Senado. El Senado, según la Constitución actual, tiene que aprobar cualquier cambio de la Constitución. Y este hecho responde a un proyecto político claro: hacer muy difícil, casi imposible, cambiar la Constitución. El artículo publicado hoy en Público por el Profesor Francesc Pallarés, de la Universidad Pompeu Fabra, uno de los politólogos que ha estudiado con mayor detalle y rigor el sistema electoral español, detalla esta realidad.

Quién y cómo se escogen los senadores

 La unidad básica del sistema electoral español para la elección del Senado es la provincia. Cada provincia escoge el mismo número de senadores (4), independientemente del tamaño de la población de la provincia. Una provincia rural y pequeña tiene el mismo número de senadores que una provincia cincuenta y dos veces mayor en términos de población, que sea industrial y urbana. Soria, que tiene 77.000 electores, elige el mismo número de senadores que Barcelona (con cerca de 4 millones) o Madrid (con cerca de 5 millones). Puesto que la elección de los senadores no está relacionada con el tamaño de la población, el Senado es la cámara menos representativa de todas las cámaras. El famoso eslogan del 15-M “no nos representan” adquiere su máxima expresión en el Senado.

Pero, a fin de hacerla todavía menos representativa, los cuatro senadores por provincia son los cuatro candidatos más votados, con lo cual tres de los cuatros senadores suelen ser del partido más votado en la provincia (partido que, por otra parte, consigue un apoyo electoral que no es necesariamente mayoritario dentro del electorado). Si se suman las dos características descritas puede así entenderse que el Senado sea, por lo general, incluso más conservador (es decir, más sesgado a favor de las derechas) que el Congreso de los Diputados. Como señala el profesor Pallarés, en 2015 el PP, consiguiendo solo el 28% de los votos en el Senado, obtuvo nada menos que el 60% de los escaños elegibles (¡!). De esta manera, el PP ha sido el que ha dominado el Senado desde el año 1996, consiguiéndose así lo que los fundadores del sistema electoral querían. No suele conocerse, por cierto, que considerar la provincia como unidad electoral fue la condición para que el Movimiento Nacional (el partido fascista) aceptara desaparecer, permitiendo la Transición de la dictadura a la democracia. Tal Movimiento Nacional quería dar protagonismo a las zonas rurales sobre las zonas urbanas e industriales, pues temía que las bases electorales de las izquierdas, es decir, la clase trabajadora, ejercieran una gran influencia en el sistema político español. Y ahí está el origen de que “no nos representan”. El temor a las izquierdas, y muy en particular al comunismo, que había liderado la resistencia antifascista, fue un motor importante de la reacción que limitó extraordinariamente la democracia.

El cambio del Senado

De ahí que cualquier cambio constitucional, que en teoría el PSOE está pidiendo, no ocurrirá a no ser que haya un cambio en el Senado. La propuesta de Podemos de establecer una alianza con el PSOE era precisamente necesaria para poder permitir tal cambio. Sin dicha alianza, es muy difícil que el PP deje de dominar el Senado y, por lo tanto, se vuelve imposible que pueda hacerse la tan cacareada reforma constitucional. De ahí que el escepticismo continúe dominando el debate alternativo al independentismo, pues Pedro Sánchez está dando señales de que no está interesado en tal reforma. Si prefiere pactarla con el PP o con Ciudadanos, sabemos todos que tal reforma nunca se llevará a cabo. Y luego se preguntan por qué el independentismo está aumentando. Su esperanza –la de los nacionalistas españolistas- es que el independentismo se desinfle, sin darse cuenta de que siempre y cuando no haya respeto por la plurinacionalidad en España las tensiones continuarán exacerbadas.

Una última observación. El veto de Pedro Sánchez a la propuesta del Presidente de la Generalitat Valenciana, el Sr. Ximo Puig, que es el máximo dirigente del PSOE en la Comunidad Valenciana (y que gobierna en coalición con Compromís, aliado de Podemos), es un indicador de la falsedad de su propuesta federal, pues recuerda los peores momentos del centralismo que caracteriza el nacionalismo españolista. ¿Qué no se dan cuenta de que así no cambiará España?

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