Lo que enseña Ahora Madrid

Autenticidad. A la mayoría del electorado nos encanta votar con ilusión, creyéndonoslo. “Estábamos sedientos de autenticidad”, me decían estos días desde Madrid sobre la candidatura encabezada por Manuela Carmena. Nada de frases impostadas ni de sofisticados cálculos demoscópicos. Nada de insultos. Bastaba la ejemplaridad y un discurso contundente en fondo y objetivos, con vocación de transformación, que fuera a la vez tranquilo en las formas. Una se puede dirigir a amplias mayorías, y ganar Madrid, sin renunciar a los valores de la izquierda. Aquí hay que reconocer que el primero en apuntar hacia este camino tras la estela del 15M fue Julio Anguita y su Frente Cívico.

Una mujer buena. Así definimos muchos a Carmena sin conocerla, y así la definió también Aguirre tratando de argumentar que ella también lo era. Pero esto último nadie lo creyó. Este tipo de cosas las calamos rápido. Decía Quintiliano que para ser un buen ciudadano lo principal era ser una persona honrada, ya vendría luego la experticia en el bien decir. Pues para ser una gran candidata en los tiempos de la desafección, también. El concepto político clave en este caso es confianza. Hay que saber generarla en las distancias cortas y en las largas.

El liderazgo de Carmena no tiene rasgos idolátricos: no busca seguidores, tampoco enemigos. Por lo que se percibe, las relaciones que establece a su alrededor no son narcisistas. No hay ansia de poder ni terribles ambiciones. Es así que se le pueden hacer mil y un carteles con su rostro, que no despierta sensación de peligro.

Unidad en la diferencia. En Ahora Madrid confluyen diversos equipos y tradiciones de la izquierda madrileña. Los nombres de la lista tras Carmena son sustantivos. Quienes se embarcaron en esto desde el principio han sido unos valientes y hay que agradecérselo.

Tras décadas de división y pobre politización es normal que cuando haya cualquier unión instintivamente se actúe en grupo, tratando de primar sobre los otros competidores internos de manera concertada. La labor de Carmena como aglutinante, como referencia unificadora, ha debido ser importante.  También su concepción crítica de los partidos, su lucidez sobre el daño que los aparatos producen en la autonomía y libertad de cada cual. Ha logrado mantener su independencia de criterio contra viento y marea. Y ha enamorado.

Junto a ello se revela clave el trabajo en común de lo que ya es una campaña para la historia. Trabajar codo con codo une y deshace prejuicios, genera amistad política casi sin darte cuenta. Más aún cuando se superan dificultades juntos, cuando además logras hacer a la ciudadanía protagonista activa de cada paso. Entonces sucede que la ciudad se llena de proyectores improvisados, repartidores y apoderados voluntarios, provocando finalmente un desbordamiento difícil de frenar. El mandato de las urnas, como en otras grandes ciudades, ha sido clarísimo: queremos unidad.

Se puede ganar. Esto se debe a Podemos. Sin ellos no estaríamos hablando de todo esto. Han sabido imprimir a la izquierda el convencimiento de que sí se puede, y de que es ahora. Esto ha multiplicado la ilusión, la participación y el entusiasmo. Pensaron además para una plaza capital como Madrid en una candidata para ganar, no para monopolizar y controlar el asunto. Chapeau.

Ética y política. Este ganar de Ahora Madrid sin embargo no se produce a cualquier precio. Cuando Aguirre trataba de sembrar dudas sobre su marido, Carmena optaba por no responder con la misma moneda. Cuando había que felicitar al adversario, lo hacía. No valía todo, ni la mentira ni el tacticismo, para ganar. Una experiencia de vida hablaba por ella, una confluencia nada fácil entre el hacer y el decir. Una actitud que –es la mejor de las noticias– se empieza a contagiar en todas direcciones.

El contraste con la Comunidad. El que la persona que más duramente ha castigado los movimientos sociales durante esta gran crisis, Cristina Cifuentes, pueda gobernar la Comunidad de Madrid tiene como principales responsables a los votantes del PP que han confiado en ella. Pero no debemos desdeñar los errores de Podemos e IUCM, de los segundos en bastante mayor proporción que los primeros.

Tras muchas dudas, Podemos optó al final por ir en solitario a la Comunidad de Madrid. Y crearon un gran equipo. Eran, de largo, la gente más preparada y con las mejores ideas de toda la campaña. Su candidato, José Manuel López, combinaba autenticidad, ética y honradez, así como ese querer ganar tan propio de su formación. Pero además de venir de una fuerte resaca interna y una tendencia nacional a la baja, con cierto descontento, se les ha conocido poco. Y sobre todo les ha faltado esa unidad popular aglutinante desde la izquierda que, en este caso, también les hubiera distinguido mejor del exministro del plan Bolonia, Ángel Gabilondo.

Continuar leyendo en El Diario el artículo de Víctor Alonso Rocafort

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